Internet en la Investigación Histórica

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El cráneo de Jericó

El cráneo de Jericó datado en el 7000 a.C., en la cara del difunto le ponen un molde de escayola, para poder conservar el rostro y se utilizaba en un culto religioso para preservar el cráneo y después hacer un reconstrucción facial con yeso y los ojos se cubrían con cáscaras de frutos. (Craig, 2020.).

Hace 11,000 años Jericó vivía la última era de hielo, y el clima fue cambiando lo que posibilitó que pudiera haber asentamientos humanos y empezar a existir agricultura y otras especies animales.   Esto implicó la creación de asentamientos más grandes.

“La construcción de cementerios regulares también separa a los Natufianos de sus contemporáneos, porque sugieren comunidades más complejas con líderes y jerarquías sociales. Algunos individuos eran enterrados llevando adornos personales tales como gorros, brazaletes y ligas, que se veían como indicadores de su estatus más elevado. También es digno de mencionar que solo una diminuta minoría de la población era seleccionada para entierro ceremonial, lo que refuerza esta idea de que la sociedad natufiana estaba más socialmente estratificada que cualquier comunidad humana anterior”.(Craig, Jericó 7; pág. 6,).

Jericó se ubica en el valle del río Jordán en la Ribera Occidental, a 864 pies bajo el nivel del mar.   Las paredes geológicas de Jericó se crearon por la actividad sismográfica.(Craig, 2020).

Las cabezas las separaban del cuerpo y se preservaban.   Sobre todo, la de los sujetos que tenían un estatus especial y sus cráneos eran enlucidos en yeso o escayola o arcilla, les colocaban conchas dentro de las órbitas de los ojos y los pintaban con ocre rojo.  Luego los ponían en templos y edificios o para usarse en rituales.  En ocasiones las cabezas se tomaban como trofeos.  Dentro de su método o tecnología lítica implicaba varias etapas en la desarticulación.  Primero se cortaba el disco intervertebral y carillas articulares, después los ligamentos y músculos de la columna cervical.   Para la decapitación se hacía entre la C3 y C6, por debajo de la mandíbula. (Carod Arthal, 2012).

Dentro de sus técnicas de preservación está el fuego, para que el cráneo tenga más durabilidad.  La mandíbula se reconstruía con yeso.  Se tiene la hipótesis que solo se enterraría a las personas que tuvieran descendencia.  Hay muchas hipótesis al respecto, una de ellas es que puede ser que solo correspondería este ritual a las personas que se consideraban líderes o ancianos.  Para por medio de esos rituales poder pedir consejo o ayuda a esos líderes. (Carod Arthal, 2012).


El cráneo de Jérico es considerado el retrato más antiguo de la colección del “British Museum”, que se trata del rostro de un hombre cuyos restos fueron decorados y venerados hace unos 9,500 años. Un cráneo humano truncado, cubierto por yeso desgastado, con las cuencas de los ojos cubiertas por sencillas conchas marinas.

Este cráneo forma parte de uno de los siete cráneos neolíticos que estaban igualmente decorados, fueron hallados en 1953 por la arqueóloga Kathleen Kenyon, en el sitio Tell es-Sultan, próximo a la ciudad de Jericó, en la moderna Ribera Occidental (National Geographic, 2018).

La investigación sobre el origen del Neolítico se ha considerado al equivalente de las etapas de la humanidad donde nació la agricultura, sin embargo, se le ha adjudicado también a una serie de cambios ideológicos y éticos por los que pasó la humanidad. Los grupos de cazadores recolectores que desarrollaron su vida en este Próximo Oriente, entre los años 12,000 y 10,300 a.C., mostró comunidades y una cultura definida (Rubio, 2004).

Los hallazgos de los cráneos, muchos sin mandíbula parecen haber sido parte de una costumbre hacia el final de dicha cultura.

Las primeras investigaciones dieron resultado de que se trataba del retrato de un hombre que vivió y murió hace 7,000 años. La arqueóloga Kenyon dio una entrevista para National Geographic, revelando el cráneo y un nuevo descubrimiento sobre las prácticas artísticas de aquella época (National Geographic, 2018).


Imagen investigaciones

En la fotografía, se puede ver a la arqueóloga Kenyon realizando la técnica “Cecil Western” donde se examinan los cráneos neolíticos descubiertos. El cráneo de Jericó aparece al fondo (National Geographic, 2018).

Aunque cada cráneo tenía ciertas características variadas, todos fueron rellenados con tierra para sostener los huesos faciales antes de aplicar yeso húmedo y crear rasgos faciales diferentes, entre ellos están las orejas, mejillas y nariz. Mientras que las cuencas de los ojos fueron llenadas con conchas marinas y algunos tenían rastros de pintura (National Geographic, 2018).

Desde este descubrimiento se han encontrado más de 50 cráneos decorados en diversos sitios, desde el Medio Oriente hasta Turquía. Los investigadores han llegado a acordar que estos representan una forma primitiva de veneración ancestral, pero nada se sabe de cómo elegían a los que serían inmortalizados ni el por qué (National Geographic, 2018).

En los años cuarenta, el investigador soviético S.-A. Semenov puso en marcha un nuevo enfoque tecnológico y funcional sobre herramientas de piedra y material óseo. Él fue el primero en hacer un intento sistemático de identificar el desgaste de los objetos óseos. Los primeros trabajos de investigación en base a este enfoque ocurrieron en los sesentas y setentas, donde se estableció un vocabulario descriptivo de los productos hechos de hueso. Este objetivo se establece en Europa, cuyas publicaciones proporcionarían una clasificación racional de los objetos, basada principalmente en criterios morfológicos y métricos, y en ocasiones métricos. Este proceso tuvo una gran importancia en las investigaciones óseas y se convirtió en un elemento de primera mano para la investigación del pasado, con un carácter similar al análisis lítico o de la cerámica (Taha, 2015).

Gracias a la tecnología actual ha sido posible avanzar en las investigaciones, reconstruyéndolos mediante técnicas forenses avanzadas y han sido los primeros en ser impresos con tecnología en 3D (National Geographic, 2018).

En 1954, tras el hallazgo de los cráneos, que fueron enviados a Londres, los primeros intentos para obtener información de los hallazgos fueron infructuosos. Debido al paso del tiempo, muchos de los detalles físicos del recubrimiento de yeso y las radiografías tradicionales no lograron distinguir entre las densidades (National Geographic, 2018).


Kenyon sugirió en su momento que los cráneos correspondían a un culto a los antepasados, una idea que fue recogida por otros investigadores más adelante.


Una de las innovaciones más destacadas de investigación de cráneos, en el año 2000, tiene que ver con la tecnología en su preparación. Se practicaron análisis en ejemplares de Jericó, Kfar Hahoresh, Beisamoun, Áin Ghazal y Tell Ramand, atestiguando la uniformidad de conceptos generales y de determinados aspectos tecnológicos, así como la diversidad de yacimientos, lo que concluiría en la existencia de tradiciones específicas en cada uno de los ejemplares. Es decir, cada cráneo tenía una preparación especial, mismos que se veían en sus estatuas antropomorfas de barro y arcilla. Gracias a las investigaciones fue posible conocer los procesos de modelado-enlucido de los cráneos. Por ello, los hallazgos llevaron a algunos investigadores a contradecir la teoría de que se trataban de retratos de difuntos, debido a la falta de mandíbula que proporciona un aspecto irreal a un rostro. Sin embargo, el cráneo de Jericó había sido reconstruida su mandíbula con yeso e incluso se había encontrado uno de los ejemplares con restos de pintura como si se le hubiese pintado un bigote (Rubio, 2004).

Ya que había tantas diferencias y semejanzas entre yacimientos sin un orden particular, se planteaban teorías sobre un mismo artesano que viajaba practicando los ritos o incluso que fue una práctica de chamanes. Los cráneos tenían semejanzas entre yacimientos que se limitaban al Levante Sur, pero existieron casos aislados por los vales altos del Tigris y Éufrates, pese a todo presentaron una gran incógnita dado que estas prácticas no se encontraron con anterioridad en todas las áreas del Próximo Oriente. No obstante, después de ese periodo en que aparecieron podrían haberse esparcido hacia el este (Rubio, 2004).

No fue hasta el año 2009, cuando Alexandra Fletcher y Beverly Sackler, a cargo de dirigir el proyecto de reconstrucción en British Museum, que estudiaron el cráneo mediante microtomografía computarizada (micro-CT), que los investigadores al fin lograron visualizar los restos humanos que había debajo del yeso. Las imágenes lograron revelar que se trataba de un cráneo adulto al cual le habían retirado la mandíbula inferior y era más probablemente masculino que femenino, de acuerdo con algunos rasgos. Además, descubrieron que el tabique nasal estaba fracturado, le faltaban molares posteriores, le habían abierto un orificio en la parte posterior del cráneo para rellenarlo con tierra, y también, el escáner logró revelar las huellas de los dedos de quien, hace 9,500 años, selló el agujero con arcilla fina (National Geographic, 2018).





Para el año 2016, el British Museum logró producir un modelo digital 3D del cráneo con los datos de aquel estudio micro-CT, lo cual logró nuevos descubrimientos sobre el hombre neolítico oculto en el cráneo de Jericó. Ejemplo de ello es que los escaneos del 2009 habían revelado que había una fractura de tabique, con esta nueva producción digital fue posible demostrar la gravedad del daño (National Geographic, 2018).


El equipo de investigación quiso ir más allá y crearon un modelo físico del cráneo con una impresora 3D y luego se recurrió a los servicios de RN-DS Partnership, una compañía forense experta en la reconstrucción facial (National Geographic, 2018).

Entonces, a partir del modelo físico del cráneo y con una mandíbula inferior humana masculina, obtenida en otro sitio neolítico próximo a Jericó, los expertos forenses pudieron reconstruir la musculatura facial sobre los restos creados digitalmente del cráneo de Jericó, del mismo modo en que aquellas personas del pasado habían utilizado el yeso para crear rasgos faciales (National Geographic, 2018).


Imagen Reconstrucción de rostro

Gracias a las imágenes digitales, impresión 3D y técnicas de reconstrucción forense, los investigadores han logrado descubrir el rostro del individuo que se encuentra dentro del cráneo de Jericó: un hombre de alrededor de cuarenta años con la nariz fracturada. Mediante la tecnología como incluso la animación, ha sido posible contemplar el procedimiento que siguieron los investigadores para recrear este rostro de 9,500 años (National Geographic, 2018).

Tal procedimiento no solo muestra gráficamente y nos enseña los métodos bajo los cuales se avanzó con esta investigación sino que sirve como una evidencia crucial para respaldar sus propias investigaciones y continuar avanzando. Las nuevas tecnologías y técnicas del futuro podrían mostrarnos más detalles que ahora desconocemos o recrear incluso este momento histórico de hace 9,500 años.


Las últimas conclusiones apuntan a que los cráneos en general, pudieron ser utilizados en ceremonias y desechados después, pero otras veces pudieron ser custodiados en viviendas. No parece haber existido la intención de reproducir los rasgos de la persona en cuestión, algo que muestran estas reproducciones 3D a manera más detallada y comparativa, es que suprimieron sus mandíbulas, fue más bien la rendición de culto a la figura que representarían (antepasado, progenitor, personaje destacado del poblado, etc.) o incluso para asegurar su protección(Taha, 2015).  Pese a que aún existen incógnitas sobre los motivos de la preparación de estos cráneos, gracias a los nuevos avances en el análisis óseo es posible relacionarlos con su sexo y edad, además de que ahora se pretendería reproducir el yacimiento donde fueron encontrados, es decir, investigación sobre una vivienda u hogar.

También es importante resaltar que estos rituales podrían darse en áreas domésticas y áreas públicas.   Los depósitos de cráneos en áreas domésticas serían un culto al cráneo doméstico y los depósitos de cráneos en áreas públicas serían para rituales públicos funerarios, fiestas y festivales. (Rubio, 2004).

Para Fletcher, la investigación a mano de la nueva tecnología fue como llevar a cabo un proceso neolítico a la inversa, ya que ahora tienen el rostro de aquel cráneo de Jericó (National Geographic, 2018).

Reflexión: Evidentemente todas las prácticas que se han realizado en las diferentes sociedades en cada una de las épocas tienen un significado en particular.    Lo más importante a rescatar es cómo de alguna manera van teniendo acceso a diferentes tecnologías o formas de hacer sus enterramientos para poder preservar la cabeza.  Y lo más sorprendente es por ejemplo cómo desde las cervicales desde la C3 a la C7 cortaban la cabeza. Y lo más importante es que sin tener algún conocimiento de la medicina van buscando la manera de preservar el cuerpo.   Por ejemplo,  el darle un tratamiento a base de fuego para poder tener más durabilidad.   Después la reconstrucción con el yeso de la mandíbula.    Ahora bien, no a todos se les aplicaba esta técnica en particular, solamente a aquellos que tuvieran descendencia o que tuvieran un determinado nivel jerárquico.   Finalmente forman parte de los rituales que se ofrecen a la naturaleza para pedir algo, fertilidad.

Ahora bien, en cuanto a las tecnologías aplicadas en la investigación histórica, el cráneo de Jericó es una de las muchas fieles muestras de que los avances en tecnología han ayudado a obtener mayor información, enriqueciendo así no solo los conocimientos que se creían estancados sobre tal hallazgo, sino la manera de ver e investigar la historia. Podemos ahora contemplar rostros del pasado, ampliar nuestra visión y responder muchas de las incógnitas que nos ha dejado la historia.   




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Autores del blog: Stephanie Reyes Mojica & Beatriz López Becerril.


REFERENCIAS

Comentarios

  1. Hola, compañeras Stephanie y Beatriz. Un concepto impresionante de su investigación es como para obtener los resultados se requiere de una variedad de expertos, como arqueólogos, excavadores, ingenieros computacionales, médicos forenses y los demás que no pude apreciar. Sin duda parte importante de la evolución de la tecnología y como esta permite una mayor interacción en la investigación.

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